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LA CALDERA DEL HERNAN


El Fortín de Libaré, la Fortaleza Matecaña, El Monumental o simplemente el Hernán. Templo del deporte Pereirano que ha visto jornadas de las que escriben la historia, entre más tristezas que alegrías se ha edificado la pasión del hincha del fútbol y del Deportivo Pereira. ¿Qué tan grave debe estar la institución para que hoy sea una caldera inmanejable para el equipo? Sea cual sea la posición de cada quien frente al tema hay una sola verdad, la tribuna está desbordada y no permite la más mínima provocación: invidual, colectiva, de la forma de juego o del resultado; y explota contra el equipo que ama y que es su razón de ser.
No todas las hinchadas del mundo son agradecidas, justas o incondicionales; pero ¿Quién se atreve a juzgar? Sólo el corazón de un hincha conoce qué tanto ha sufrido o disfrutado a causa de su equipo. Tal vez haya que indagar a niveles excesivos para encontrar una hinchada que lleve en su escudo tanto dolor como la del Deportivo Pereira. La ciudad más grande del Eje Cafetero, una de las 7 ciudades principales del país, tiene un equipo de fútbol que jamás ha ganado un título, nunca ha disputado un torneo internacional, y además lleva seis años en la segunda división. Por si fuera poco, en tres años consecutivos se ha perdido la posiblidad de luchar directamente por el ascenso en los últimos minutos, resaltando la del año inmediatamente anterior que a hoy seguramente   para la mayoría de fanáticos sigue doliendo tanto como aquel minuto 93.

Como institución, un equipo en liquidación manejado por personas ajenas a la ciudad, con más mitos que realidades basados en la cuestionada intención o no de ascender de los actuales directivos. Jugadores formados desde divisiones inferiores, ídolos de un club que por malos manejos, no les ofrecen más que el amor de una hinchada mal pagada que tiene que ver cómo terminan jugando para el eterno rival, sin importarles nada. Entonces, ¿Tienen razones los hinchas del Deportivo Pereira para chiflar al equipo, exigir vehementemente y no aguantar ninguna mala señal siendo impaciente e intolerante? Las tienen de sobra, como dice un reconocido periodista de la ciudad, mencionando lo anterior el equipo debería pagar a su gente para que vaya a verlo.

Por supuesto hay jugadores “nuevos” en la institución que nada han tenido que ver con esa dramática historia. Rossi que ahora acapara los silbidos y críticas está pagando el daño hecho por un cúmulo de situaciones que sólo han provocado tristezas a la hinchada. Malos manejos, mitos o realidades de partidos “comprados”, jugadores mercenarios, mala suerte, todo ha combinado en tal vez, el club más “desgraciado” de la historia. Flaco favor se hace ahora provocando más presión al equipo que juega de local y que es la única esperanza para salir de esa maldita B, pero al hincha nada se le puede reprochar, pues ante el eterno fracaso y dolor que ha sentido, es una muestra más de ese amor incondicional que envuelven los colores de la ciudad y que en un grito (o silbido) desesperado busca salir de un infierno que cada vez parece prolongarse.
Redacción: Sebastian Arias. 

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