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MIENTRAS HAYA CÓMPLICES, PASARÁ LO MISMO


Este año he seguido el Deportivo Pereira con cierto escepticismo, después de haber viajado medio país en los dos años anteriores, en el 2017, dejé un poquito la pasión guardada. Sin emabargo, no puedo negar que algo de ilusión surió en estas finales, obviamente con prevención, pues conozco la historia tan miserable que nos pesa.


El partido con Cúcuta fue una combinación de frustraciones, vergüenzas e ira. Ver como un equipo perdido en la cancha era preso de la desesperación, ver defensas regalando la espalda y ver a Mafla haciendo lo que no hizo en Itagüí el año pasado eran un golpe más a mi tan herido orgullo producto de las burlas de compañeros de trabajo que disfrutaron más la derrota que los hinchas del Cúcuta, pues los hinchas del Pereira somos eso, el hazmereír del fútbol colombiano. Lo triste de todo, es que el equipo Matecaña, ya nos acostumbró a esto. Una costumbre que no deja de ser horrible, aún cuando en el fondo todos sabemos que lo más seguro es que pasará.


Pero los culpables somos nosotros mismos, que sin empezar el torneo ya hemos comprado la camiseta por "lo bonita que está" que esperamos con ansias la venta de abonado para ir a todos los partidos, y que por más herido que tengamos el orgullo, siempre estamos pendiente de un programa deportivo donde se mencionen las novedades Matecañas o siguiendo los partidos por Internet desde el sitio donde trabajamos.


Sómos cómplices porque cuando ya varios jugadores han mencionado la "mano negra" que nos ha mantenido en la B, seguimos apoyando la mafia, seguimos asistiendo al estadio, mientras un incapaz, con nombre propio como Duván Vásquez, se sigue llenando los bolsillos a costa de ilusiones.


Muy seguramente, antes de que usted lea esta humilde opinión, ya habrá salido Burelli a decir que es un tropiezo, que hay que seguir trabajando, que ya estamos pensando en el segundo torneo, que todavía hay dos posibilidades, después saldrá algún directivo matecaña a afirmar "que ya se está pensando en un refuerzo extranjero" para salirnos con una sopresa tipo Rossi, jugador nefasto y roba aire, que sabrá Dios por qué tiene la 10, o Bajter que se la pasó lesionado todo el torneo, ni hablar de Degrá o de Battiste quien si bien tuvo una época para recordar, hace mucho que ya dejó de aportarle algo al equipo.


¡Burelli se tiene que ir! Y con él Degrá, Rossi, Bajter y cuando refuerzo de pacotilla haya traídola hinchada debe abandonar el estadio, hacer sentir la ausencia, si tanta es la pasión y amor por el equipo, apóyenlos saliendo del hotel o entrando al estadio, pero no gasten un centavo más en boletas, en abonos, o en mercancía del equipo; solo así y quizás el Deportivo Pereira vuelva a ser nuestro, y no de unos cuantos que solo quieren llenar sus bolsillos.



A quienes se abonaron, tienen todo el derecho de protestar, exigir si es posible la devolución del dinero, hacer historia como hinchada, para que quienes hoy nos tienen por sexto año en la B, se dignen renunciar. Es hora también de protestar, si lo pasado en Bogotá con una perrita maltratada generó plantones y manifestaciones, ¿por qué un equipo con 73 años de historia no? No es justo que una de las ciudades más importantes de Colombia, tenga un equipo que solo logra hacer el ridículo cada año.


Somos hinchas de los colores, somos hincha de un escudo; no somos hinchas de un jugador ni directivos. Abandonemos el estadio y sigamos con el corazón rojiamarillo, por el bien del Deportivo Pereira, no vayamos al estadio.

Por: Andres Patiño - LFM

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